Los ocho pasos del yoga: el camino de Patañjali hacia el dominio de la mente

Cuando se habla de yoga en la actualidad, es habitual pensar inmediatamente en posturas físicas, flexibilidad y ejercicios de respiración, sin embargo, la tradición filosófica del yoga presenta una visión mucho más amplia. 

Las posturas constituyen únicamente una parte de un sistema destinado, en su concepción clásica, a trabajar de manera progresiva la conducta, el cuerpo, la respiración, los sentidos y, finalmente, la mente.

Una de las principales fuentes para comprender esta perspectiva son los Yoga Sūtras de Patañjali, texto fundamental de la tradición del yoga clásico. En esta obra se presenta el Aṣṭāṅga Yoga, literalmente «yoga de ocho miembros», un camino compuesto por ocho etapas que conducen desde la disciplina ética y corporal hasta estados profundos de concentración y absorción meditativa.

Las prácticas y concepciones relacionadas con el yoga existían en la India desde mucho antes, y Patañjali contribuyó a organizar parte de esta tradición en un sistema filosófico y práctico coherente.

Los Yoga Sūtras están formados por una colección de aforismos breves organizados en cuatro capítulos. Su obra aborda cuestiones relacionadas con la mente, la concentración, la práctica meditativa, la ética y la liberación espiritual, convirtiéndose en uno de los textos fundamentales para el estudio del yoga clásico.

El Aṣṭāṅga Yoga: ocho etapas para la transformación interior

El término Aṣṭāṅga procede del sánscrito aṣṭa, «ocho», y aṅga, «miembro» o «parte». Por tanto, Aṣṭāṅga Yoga puede traducirse como «yoga de ocho miembros».

Es importante no confundir este concepto filosófico con los estilos contemporáneos de yoga que también utilizan el término «Ashtanga». En los Yoga Sūtras, se refiere específicamente a un sistema de ocho componentes: yama, niyama, āsana, prāṇāyāma, pratyāhāra, dhāraṇā, dhyāna y samādhi.

Estos ocho elementos no deben entenderse simplemente como una lista de ejercicios independientes. En la tradición de Patañjali forman un proceso progresivo mediante el cual la persona trabaja primero su relación con los demás y consigo misma para después avanzar hacia el dominio corporal, la regulación de la respiración y la interiorización de la atención.

1. Yamas: los principios éticos

El primer miembro del camino está formado por los yamas, principios éticos que regulan la relación de la persona con el mundo y con los demás.

Entre ellos se encuentra ahiṃsā, el principio de no violencia; satya, relacionado con la veracidad; asteya, que implica no apropiarse de aquello que pertenece a otros; brahmacarya, tradicionalmente relacionado con la moderación y el control de la conducta sexual; y aparigraha, relacionado con la ausencia de apego excesivo a las posesiones.

Estos principios muestran que el yoga clásico no comienza con el cuerpo, sino con la conducta. La práctica pretende crear unas bases éticas que permitan avanzar hacia una mente más estable y menos dominada por impulsos, conflictos y apegos.

Ahiṃsā: la no violencia como principio fundamental

Entre los yamas, la ahiṃsā ocupa un lugar especialmente destacado en las interpretaciones tradicionales. El concepto puede entenderse como la voluntad de no causar daño a otros seres.

Desde esta perspectiva, el yoga no se limita a una práctica individual realizada sobre una esterilla. También implica la manera en que una persona se relaciona con quienes la rodean y con el entorno.

2. Niyamas: disciplina y transformación personal

El segundo miembro corresponde a los niyamas, principios relacionados con la disciplina personal y el cultivo interior.

Patañjali identifica cinco: śauca, o pureza; santoṣa, contentamiento; tapas, disciplina o austeridad; svādhyāya, estudio de uno mismo y de los textos relacionados con la tradición; e īśvara-praṇidhāna, que puede interpretarse como entrega o dedicación a Īśvara.

Mientras los yamas se ocupan principalmente de la relación con el exterior, los niyamas ponen el énfasis en la actitud y el trabajo interno del practicante.

De esta manera, la disciplina del yoga comienza a convertirse en un proceso de autoconocimiento.

3. Āsana: la postura

El tercer miembro es el āsana, término que actualmente se utiliza para designar las posturas de yoga.

Sin embargo, su significado dentro de los Yoga Sūtras es más limitado de lo que suele pensarse en la actualidad. En el yoga clásico, āsana está relacionado fundamentalmente con la capacidad de mantener una posición estable y cómoda, especialmente con el propósito de facilitar la práctica meditativa.

Esto permite comprender una diferencia importante entre el yoga clásico y algunas formas modernas de yoga físico. Las posturas corporales no constituían el objetivo final del sistema de Patañjali, sino una herramienta dentro de un proceso mucho más amplio.

El desarrollo posterior de diferentes tradiciones de haṭha yoga amplió enormemente el repertorio y la importancia de las posturas físicas. Por ello, el yoga contemporáneo puede presentar una dimensión corporal mucho más desarrollada que la descrita directamente en los Yoga Sūtras.

4. Prāṇāyāma: la regulación de la respiración

El cuarto miembro es el prāṇāyāma, relacionado con la regulación de la respiración.

La respiración ocupa un lugar importante en numerosas tradiciones de yoga porque proporciona un punto de conexión entre el cuerpo y la atención. Al regular conscientemente el ritmo respiratorio, la práctica busca favorecer un estado de mayor estabilidad y preparación para las etapas posteriores.

En los Yoga Sūtras, prāṇāyāma aparece después de āsana, mostrando una progresión desde la preparación corporal hacia formas más sutiles de control de la práctica.

5. Pratyāhāra: retirar la atención de los estímulos externos

Con pratyāhāra comienza una transición más clara hacia la interiorización.

Este quinto miembro se describe como el retraimiento o retirada de los sentidos respecto a sus objetos. En lugar de permanecer constantemente pendiente de los estímulos externos, el practicante aprende a dirigir progresivamente su atención hacia el mundo interior.

No significa necesariamente dejar de percibir sonidos, imágenes u otras sensaciones, sino modificar la relación con ellos para evitar que la mente sea arrastrada constantemente por cada estímulo.

Este proceso prepara el terreno para las tres últimas etapas, centradas directamente en la concentración y la meditación.

6. Dhāraṇā: aprender a concentrarse

El sexto miembro es dhāraṇā, la concentración.

En esta etapa, la atención se dirige deliberadamente hacia un punto, objeto o soporte determinado. El objetivo es reducir la dispersión mental y desarrollar la capacidad de permanecer enfocado.

En la vida cotidiana, nuestra atención puede saltar continuamente entre pensamientos, recuerdos, preocupaciones, sonidos y estímulos digitales. Desde la perspectiva del yoga clásico, aprender a mantener la mente sobre un único objeto constituye una capacidad fundamental para profundizar en la meditación.

Dhāraṇā representa, por tanto, un entrenamiento de la atención.

7. Dhyāna: la meditación profunda

Cuando la concentración se vuelve continua y estable aparece dhyāna, generalmente traducido como meditación.

La diferencia entre dhāraṇā y dhyāna puede entenderse como una cuestión de continuidad. En dhāraṇā existe el esfuerzo de mantener la mente concentrada sobre un objeto; en dhyāna, esa atención se vuelve más fluida y sostenida, sin las interrupciones constantes de otros pensamientos.

Desde esta perspectiva, meditar no consiste simplemente en sentarse con los ojos cerrados, implica desarrollar progresivamente una relación diferente con la actividad mental hasta conseguir que la atención permanezca estable.

8. Samādhi: la absorción meditativa

El último miembro es samādhi, uno de los conceptos más profundos de la filosofía del yoga.

Patañjali lo describe como un estado de absorción en el que la conciencia queda profundamente concentrada en el objeto de meditación, la distinción entre quien medita, el proceso de meditación y aquello sobre lo que se medita se vuelve progresivamente más tenue.

Por esta razón, samādhi no debe entenderse simplemente como relajación o tranquilidad. Dentro de la filosofía del yoga clásico representa una forma avanzada de concentración y absorción relacionada con el objetivo último de la práctica: alcanzar una comprensión liberadora de la verdadera naturaleza de la conciencia.

Conclusión

Los ocho miembros del yoga descritos por Patañjali ofrecen una visión integral de la práctica. Yama y niyama establecen las bases éticas y personales; āsana trabaja la estabilidad corporal; prāṇāyāma introduce la regulación respiratoria; pratyāhāra conduce hacia la interiorización; y dhāraṇā, dhyāna y samādhi profundizan progresivamente en la concentración y la meditación.

Comprender esta estructura permite descubrir que el yoga tradicional no se limita a mejorar la flexibilidad o fortalecer el cuerpo. En su dimensión filosófica clásica, propone un camino de disciplina, autoconocimiento y transformación de la relación con la propia mente.

Más de dos milenios después de la sistematización de estas enseñanzas, los Yoga Sūtras continúan siendo una referencia fundamental para comprender una de las tradiciones contemplativas más influyentes de la India y para recordar que el yoga, en su sentido más amplio, comienza mucho antes de adoptar una postura sobre la esterilla y continúa mucho después de abandonarla.

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